Inteligencia vs Asombro

Hay un dicho del poeta místico Rumi, que dice algo así como ‘Vende tu inteligencia, y compra asombro’. Si bien tiene muchas interpretaciones, como gran parte de la poesía de Rumi, para mi quiere decir que dejemos de ser tan racionales, de enfrentar la vida desde un punto de vista tan intelectual y nos dejemos llevar por el asombro, por nuestra capacidad de admiración ante las pequeñas cosas de la vida, ante una puesta de sol, ante el oceano…  También puede interpretarse como dejar a un lado el ego, y dejar que nos guie el espíritu, menos cerebro y más corazón.

Tiene una relación también clara con lo que dijo Einstein, ‘hay dos formas de vivir la vida, como si nada fuera un milagro, o como si todo lo fuera’.  Para aquellos que racionalizan todo, nada es un milagro, todo tiene su explicación científica. Para aquellos que miran con el alma todo es un milagro, un regalo del universo.

Y se me viene a la mente también la frase de Confucio, ‘cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla’. Trabaja en tu capacidad de asombrarte y verás la belleza y el milagro en todas las cosas.

Deseos vs Gratitud

Cada vez que deseamos algo que no tenemos somos más pobres, cada vez que agradecemos algo que tenemos somos más ricos. La clave de la felicidad es sentir mayor gratitud por lo que tenemos, y reducir nuestros deseos por lo que no está a nuestro alcance. Esto no implica que no luchemos por lo que queremos, ya que otro componente de la felicidad es lograr objetivos en la vida, pero debemos tener cuidado con los objetivos que nos marcamos. Si muchos de estos objetivos se traducen en deseos por cosas materiales, nos daremos cuenta poco después de lograrlos que en realidad no nos hacen más felices; y en la mayoría de los casos simplemente nos esclavizan más.

Aprende a agradecer todo lo que llega a tu vida, aunque no sea nada de lo que deseas:

Le pedí a Dios fuerza para lograr cosas,

pero me hizo débil para tener que obedecer humildemente

Le pedí riquezas para poder ser feliz,

pero me hizo pobre para aprender a ser sabio

Le pedí poder para tener la admiración del hombre,

pero me dió debilidad para poder ser ayudado por otros

Le pedí todas las cosas para poder disfrutar la vida,

pero me dió la vida para poder disfrutar todas las cosas

No conseguí nada de lo que deseaba,  pero todo lo que necesitaba,

y por eso me siento el más agradecido entre los hombres

Éxito: Tener o Hacer

La sociedad en la que vivimos equipara el éxito con el tener, cuanto más mejor, quien más tiene más exitoso se considera. El patrimonio acumulado define principalmente el tratamiento que se otorga a los individuos; este patrimonio (expresado en cualquier moneda) sirve como medida unidimensional del éxito de cada persona. Lo que conlleva esto es que la mayoría de las personas se pasen la vida haciendo actividades que no les gustan (como aguantar a jefes tiranos) para lograr tener cosas que no necesitan (como un BMW), e ir acumulando un mayor patrimonio que refleje un supuesto mayor éxito.

Creo que el mundo sería un mejor lugar para vivir si en vez de hacer lo necesario para tener todo lo que queremos, nos centráramos en tener lo necesario y hacer todo lo que queremos. Al fin y al cabo, no es este el verdadero éxito?

El viaje versus el destino

Uno de los problemas del ser humano es la constante obsesión con el destino, bien en término físico (llegar a alguna parte), económico (juntar una cantidad determinada de dinero) o social (lograr cierto estatus). Y si bien es importante marcarse objetivos y definir destinos, más importante aún es disfrutar el viaje, ya que ahí, viajando, es donde pasaremos la mayor parte de nuestro tiempo. Disfruta el viaje de camino a tu destino, ya que como muestra esta página el viaje tiene valor en si mismo.

Nuevas experiencias

‘Into the wild’ es uno de esos libros que no te deja indiferente. Chris McCandless, un joven de 22 años, recién salido de la universidad, dona todos sus ahorros a una ONG (unos 24.000 dólares) y se embarca en una aventura solitaria, vivir por sus propios medios en los bosques de Alaska.  Esta aventura le terminó costando la vida, pero nos deja muchas lecciones sobre las cosas que debemos valorar en la vida: el respeto a la naturaleza, nuestra libertad, nuestra independencia, y sobre todo, la búsqueda de nuevos horizontes y nuevas experiencias.

“So many people live within unhappy circumstances and yet will not take the initiative to change their situation because they are conditioned to a life of security, conformity, and conservatism, all of which may appear to give one peace of mind, but in reality nothing is more dangerous to the adventurous spirit within a man than a secure future. The very basic core of a man’s living spirit is his passion for adventure. The joy of life comes from our encounters with new experiences, and hence there is no greater joy than to have an endlessly changing horizon, for each day to have a new and different sun.”
— Chris McCandless

Es triste pensar que muchos personas jamás sentirán la naturaleza real, sin filtros. Vivimos desde que nacemos en una sociedad que supuestamente nos aísla de los peligros que enfrentaron nuestros pasados, incorporando capa tras capa de protección y seguridad. Sin duda la sociedad moderna ha traído muchos beneficios, pero todas estas capas y filtros que ha interpuesto entre nosotros y la naturaleza ha hecho que nos desconectemos de ella, de nuestro origen salvaje y nuestro espíritu explorador.

El afán de Chris McCandless de atravesar estos falsos filtros y exponerse a la brutalidad de la naturaleza le trajo la muerte, y quizá es un caso demasiado extremo como para invitar a simular, pero a veces enfrentar la muerte es lo que realmente nos hace sentirnos vivos.

“And I also know how important it is in life not necessarily to be strong but to feel strong, to measure yourself at least once, to find yourself at least once in the most ancient of human conditions, facing blind, deaf stone alone, with nothing to help you but your own hands and your own head…”

— Primo Levi

Aprendiendo de Diógenes

Quería dejaros hoy con dos breves historias de Diógenes, sin duda uno de los grandes pensadores sobre la vida simple. De hecho no tenemos muchas escrituras de él, porque le parecía más importante vivir una vida recta que escribir, quería ser un ejemplo en sí mismo más que lograr fama creando una escuela propia. Se cuenta que vivía en una gran tinaja en vez de tener una casa, y defendía que la verdadera sabiduría consiste en aprender a vivir con lo básico, sin buscar el lujo que ya de aquella se apoderaba de la sociedad.

Historia 1

Un día estaba Diógenes comiendo un plato de lentejas. En ese momento llegó Aristipo, otro filósofo que vivía con lujo adulando al rey Alejandro Magno y le dijo: “Mira, si fueras sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas”. Diógenes le contestó: “Si tú aprendieras a comer lentejas, no tendrías que degradarte adulando al rey”

Historia 2

Al oír hablar sobre Diógenes, Alejandro Magno quiso conocerlo. Así que un día en que el filósofo estaba acostado tomando el sol, Alejandro se paró ante él.

Diógenes se percató también de la presencia de aquel joven espléndido. Levantó la mano como comprobando que, efectivamente, el sol ya no se proyectaba sobre su cuerpo. Apartó la mano que se encontraba entre su rostro y el del extraño y se quedó mirándolo.

El joven se dio cuenta de que era su turno de hablar y pronunció:

– “Mi nombre es Alejandro El Grande”. Pronunció esto último poniendo cierto énfasis enaltecedor que parecía más bien aprendido.

– “Yo soy Diógenes el perro”

Hay quienes dicen que retó a Alejandro Magno con esta frase, pero es cierto también que en Corinto era conocido como Diógenes el perro. Alejandro Magno era conocido en la polis así como en toda la Magna Grecia.

A Diógenes no parecía importarle quien era.

El emperador recuperó el turno:

– “He oído de ti Diógenes, de quienes te llaman perro y de quienes te llaman sabio. Me place que sepas que me encuentro entre los últimos y, aunque no comprenda del todo tu actitud hacia la vida, tu rechazo del hombre virtuoso, del hombre político, tengo que confesar que tu discurso me fascina”.

Diógenes parecía no poner atención en lo que su interlocutor le comunicaba. Más bien comenzaba a mostrarse inquieto. Sus manos buscaban el sol que se colaba por el contorno de la figura de Alejandro Magno y cuando su mano entraba en contacto con el cálido fluir, se quedaba mirándola encantado.

– “Quería demostrarte mi admiración”, dijo el emperador. Y continuó: “Pídeme lo que tú quieras. Puedo darte cualquier cosa que desees, incluso aquellas que los hombre más ricos de Atenas no se atreverían ni a soñar”.

– “Por supuesto. No seré yo quien te impida demostrar tu afecto hacia mí. Querría pedirte que te apartes del sol. Que sus rayos me toquen es, ahora mismo, mi más grande deseo. No tengo ninguna otra necesidad y también es cierto que solo tú puedes darme esa satisfacción”

Mas tarde Alejandro comentó a sus generales: “Si no fuera Alejandro, me hubiera gustado ser Diógenes.”

La vida postergada

Un banquero de inversión americano estaba en el muelle de un pueblito caribeño de México, cuando llegó un bote con un solo pescador.

Dentro del bote había varios atunes amarillos de buen tamaño. El americano elogió al pescador por la calidad del pescado y le preguntó ¿cuánto tiempo le había tomado pescarlos?

El pescador respondió que sólo un poco de tiempo.

El americano luego le preguntó ¿por qué no pasas más tiempo trabajando y sacas más pescado?

El pescador dijo que él tenía lo suficiente para satisfacer las necesidades inmediatas de su familia.

El americano luego preguntó ¿pero qué hace usted con el resto de su tiempo?

El pescador dijo, “duermo hasta tarde, pesco un poco, juego con mis hijos, hago siesta con mi señora , voy todas las noches al pueblo donde toco guitarra con mis amigos. Tengo una vida “placentera y ocupada”.

El americano replicó, “Soy un MBA de Harvard y podría ayudarte. Deberías invertir más tiempo en la pesca y con los ingresos comprar un bote más grande, con los ingresos del bote más grande podrías comprar varios botes y eventualmente tendrías una flota de botes pesqueros.

En vez de vender el pescado a un intermediario lo podrías, hacer directamente a un procesador y eventualmente abrir tu propia procesadora.

Deberías controlar la producción, el procesamiento y la distribución.

Deberías salir de este pequeño pueblo e irte a La Capital (Mexico DF), donde manejarías tu empresa en expansión”.

El pescador preguntó, ¿Pero, cuánto tiempo tarda todo eso?

A lo cual respondió el americano, “entre 15 y 20 años”.

“¿Y luego qué?”

El americano se rió y dijo que esa era la mejor parte.

“Cuando llegue la hora deberías anunciar un IPO (Oferta inicial de acciones) y vender las acciones de tu empresa al público. Te volverás rico, tendrás millones.

“Millones … y ¿luego qué?”

Dijo el americano: “Luego te puedes retirar. Te mueves a un pueblito en la costa donde puedes dormir hasta tarde, pescar un poco, jugar con tus hijos, hacer siesta con tu mujer, ir todas las noches al pueblo donde tomas vino y tocas guitarra con tus amigos”.

El pescador respondió: “¿Acaso eso no es lo que tengo ya?”

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Esta historia debería hacernos reflexionar sobre la estrategia de vida considerada normal en la sociedad actual. Nos pasamos 40 años trabajando, postergando nuestros sueños, postergando nuestra vida, hasta el momento en que ya nos queda poca energía para disfrutarla (asumiendo que lleguemos a ese punto porque esos 40 años de trabajo y estrés acaban con muchos de nosotros).

El mensaje de fondo es que hay muchas maneras de vivir nuestros sueños cada día, sin postergarlos para un futuro incierto, muchas veces inexistente. Vive tus sueños, hoy!