Nos pasamos gran parte de nuestras videas deseando tener más, en vez de disfrutar lo que tenemos. Detrás de esto hay un concepto que los psicólogos denominan ‘adaptación hedónica’, que en resumen viene a decir que con el tiempo (y suele ser poco tiempo) nos acostumbramos a las cosas que nos rodean, por buenas que sean, y queremos otras nuevas. Nos compramos el coche que ansiamos y lo disfrutamos unos meses, pero al cabo del tiempo estamos pensando en cambiarlo por uno mejor. Logramos el trabajo que siempre deseamos pero un tiempo después nos estamos quejando de las largas horas, los incompetentes de los compañeros y empezamos a buscar un nuevo trabajo. Y lo mismo con la pareja, la casa…

La vieja escuela de filosofía estoica recomendaba lo que podría llamarse ‘visualización negativa’, es decir, imaginar de vez en cuando que perdemos lo que tenemos. Imagina por un momento que te roban ese coche que ya no te emociona, quizá lo verías con otros ojos. Imagina que cuando te despides de tu esposa lo haces por última vez, quizá también la verías con otros ojos. Imagina que de repente pierdes todas tus posesiones, por pequeñas que sean, quizá así las valorarías más.

En resumen, dedica unos minutos al día a dar gracias por todo lo que tienes, no pienses que seguirá siendo tuyo mañana, siéntete dichoso por todo lo que la vida te ha dado, porque en realidad no tendría que darte nada. Cualquier buena fortuna que haya llegado a tu vida, en forma de dinero, amigos, familia… es un regalo a agradecer, y a valorar. No esperes a perderlo para apreciarlo.

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